Apoyo a la agricultura en Quilmaná: el campo que nos alimenta

Apoyo a la agricultura en Quilmaná: el campo que nos alimenta

El campo no es “un tema más”: es nuestra vida diaria

Yo camino Quilmaná y se ve clarito: cuando al agricultor le va bien, el distrito respira. Hay trabajo, hay movimiento, hay comida en la mesa, hay comercio en la plaza, hay esperanza en la familia. Pero cuando el campo se cae por falta de agua, por caminos destruidos, por precios abusivos o por plagas, se siente en todo: en el bolsillo, en el ánimo y en el futuro de nuestros hijos.

Quilmaná es parte de un valle agrícola potente. Aquí la palta y la uva no son palabras bonitas: son horas de sol, manos cansadas, riego, abono, riesgo y sacrificio. Incluso desde el propio Estado se reconoce que en Cañete se trabaja con cadenas productivas como uva y palta, entre otras, y que hace falta más articulación comercial para que el pequeño productor venda mejor.

Por eso lo digo sin miedo: un municipio que no defiende al agricultor, no defiende a su gente. Y yo no vengo a prometer por prometer. Vengo a poner el municipio al servicio del que produce.

Agua, caminos y mercados: lo mínimo que el municipio debe asegurar

A veces quieren hacer creer que la agricultura “es solo del gobierno central” o “solo de la región”. No. El municipio sí tiene responsabilidades concretas, y cuando las asume se construye comunidad.

Primero: el agua. Sin riego no hay cosecha. Y sin cosecha no hay economía local. El municipio tiene que estar encima de la limpieza y mantenimiento de acequias, canales, bocatomas y puntos críticos, en coordinación con las juntas de usuarios y comisiones de regantes. Esto no es discurso: es prevención. Es evitar pérdidas antes de que sea tarde.

Segundo: los vías o carreteras. ¿De qué sirve producir si sacar la carga cuesta el doble por la trocha destrozada? El agricultor no pide alfombra roja, pide transitabilidad: afirmado, alcantarillas, mantenimiento real y fechas de intervención por zonas. Un municipio serio planifica con el agricultor, no desde un escritorio.

Tercero: mercados y ferias para vender. Quilmaná ya ha tenido experiencias de ferias donde el productor vende directo, como “De la chacra a la olla”. Eso es lo que necesitamos potenciar: menos intermediario abusivo y más venta directa con precios justos.

Además, hoy existen rutas de articulación comercial que pueden aprovecharse mejor si el municipio hace su parte. Por ejemplo, MIDAGRI informó la implementación de una oficina de Agromercado en Cañete para fortalecer la conexión de pequeños productores con el mercado, con énfasis en productos como uva y palta. El municipio no puede mirar eso de lejos: tiene que empujar para que Quilmaná esté primero en la fila.

Y algo clave: cuando hay programas como PROCOMPITE y convenios con asociaciones productivas, eso no puede quedarse en la foto. Debe convertirse en asistencia, proyectos y resultados medibles. Incluso se han difundido acciones municipales vinculadas a productores de palta y apoyo a su participación en PROCOMPITE.

Producir mejor y vender mejor: apoyo real, no discursos

Yo no quiero un municipio que solo “salude” al agricultor en fechas cívicas. Quiero un municipio que se meta al barro con el productor, con apoyo práctico y directo.

Capacitación útil, de la que sirve en la chacra. Manejo de plagas, poda, riego tecnificado según capacidad, uso eficiente de fertilizantes, y buenas prácticas para mejorar calidad. No con charlas eternas, sino con acompañamiento, parcelas demostrativas y alianzas con especialistas.

Valor agregado. Quilmaná no puede quedarse solo en vender “producto en bruto”. Hay que empujar empaque, selección, marca local, transformación básica cuando corresponda, y asociatividad para negociar mejor. En el valle de Cañete se reconoce el peso de cadenas como palta y uvas, y la necesidad de fortalecer competitividad; esa lógica debe aterrizar en el distrito con gestión municipal.

Asociaciones fuertes. Cuando una asociación se ordena, el productor deja de estar solo. Y aquí hay historias que demuestran que, con acompañamiento técnico y comercial, se puede pasar de sobrevivir a competir en grande. Desde Quilmaná se han contado casos de crecimiento ligado a apoyo técnico y acceso a mercados en torno a la palta.

Mi compromiso es simple: municipio aliado del productor. No para controlarlo, sino para abrirle puertas.

Defensa del agricultor: cuando el golpe llega, el municipio responde

La agricultura no falla por flojera. Falla por golpes que vienen de fuera: clima, plagas, alza de insumos, precios injustos, robos, extorsiones, competencia desleal. Y ahí es donde el municipio tiene que demostrar de qué lado está.

Seguridad rural y orden. No puede ser que el agricultor sienta miedo de su propia chacra. Coordinación con serenazgo, rondas, comisarías y juntas vecinales, con patrullaje focalizado en temporadas críticas (cosecha, traslado, acopio). Y ojo: seguridad también es combatir la informalidad que distorsiona precios y rompe el mercado.

Respuesta rápida ante emergencias. Cuando hay huaicos, desbordes o cortes de caminos, la reacción no puede ser lenta. Se necesita un plan distrital claro: rutas alternas, puntos críticos mapeados, maquinaria priorizada y protocolos simples que la gente entienda.

Compras locales con transparencia. Cuando el Estado compra para programas sociales, comedores o eventos, ¿por qué no priorizar al productor local que cumple requisitos? Eso dinamiza la economía y fortalece el tejido social. Pero siempre con reglas claras, sin favoritismos, sin “amiguismos”. El campo no se sostiene con padrinos: se sostiene con justicia.

Conciencia y compromiso: Quilmaná se levanta cuidando a quien nos alimenta

Vecinas y vecinos, yo quiero que lo pensemos así, con el corazón en la mano: si el agricultor abandona la chacra, todos perdemos. Perdemos empleo, perdemos alimentos, perdemos identidad. Quilmaná no nació para resignarse.

Por eso mi invitación es directa: cuidemos nuestra agricultura como se cuida a la familia. Comprando local cuando se pueda. Respetando el agua. Defendiendo los canales. Denunciando el robo y la viveza. Reconociendo el trabajo del productor como un orgullo del distrito, no como un “oficio invisible”.

Y desde la municipalidad, yo asumo un compromiso firme: poner la agricultura al centro del gobierno distrital, con acciones concretas: agua y riego atendidos, caminos mantenidos, ferias permanentes, asistencia técnica de verdad, alianzas para vender mejor y seguridad para trabajar sin miedo. Porque el campo no necesita lástima: necesita gestión con coraje.

Yo no voy a mirar al agricultor desde lejos. Yo voy a estar ahí, con ustedes, defendiendo a Quilmaná desde su raíz más fuerte: la gente que siembra y nos da de comer.

¡Quilmaná merece más, 
y yo estoy lista para darlo todo!